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Escala 224

Caratula_224_tiro Con la intensificación de la vida nerviosa en la ciudad moderna y el  progresivo aumento de la velocidad de los recorridos, asociada al desarrollo de los medios de transporte, la inclusión del ocio y el viaje como formas de comportamiento privilegiadas en la vida social generó transformaciones tipológicas en la arquitectura y el paisaje urbano.  Podemos afirmar que la tradicional división entre lo urbano y lo rural, se definiría -con una visión cargada de romanticismo- en la dicotomía entre la tediosa vida burguesa del trabajo y la experiencia de la naturaleza como la verdadera libertad del hombre.

En vista de la contracción vivencial del espacio, el hombre moderno se aventuró a salir de su lugar familiar para explorar nuevas geografías, nuevas culturas, nuevas ciudades, nuevas arquitecturas. Ya en el siglo XIX, en un continente embarcado en la creación de un ambiente panamericano, la renacentista costumbre del viaje, del viajero ilustrado, configuró nuestra percepción de la moderna relación entre lo local y lo global.

En este sentido, el territorio americano es ante todo una extensión virgen que se abre ante nuestros ojos con tal exuberancia que la dimensión abierta por las palabras Nuevo Continente adquiere un significado renovado; frente a una Europa concebida como territorio urbano, América ha sido sentida como una tabla rasa, en la que todo está por hacer, por explorar. Bien recordaba Borges que las fantasiosas historias de terrores americanos, narradas por los colonizadores, parten de la raíz que el sustantivo monstruo comparte con el verbo mostrar; que las maravillas contempladas en las especies de flora y fauna -hoy racionalizadas en los índices de biodiversidad- asustaban y asombraban a un continente europeo que consideraba su decadencia política, económica, social, cultural y ambiental, como un síntoma del fin de los tiempos. América es, en esta visión, la posibilidad de refundar el tiempo.

Este poético encubrimiento de la violencia implícita en los procesos de colonia a los que nos hemos visto sometidos, fuera en el siglo XV, el XIX, o el XX, repercute aún en el disímil trato que nuestras naciones tienen frente a los habitantes primigenios del territorio ocupado. En la relación que éstos guardan con la naturaleza, mediada por creencias y religión, podemos encontrar la pista del por qué nuestro continente es, aún hoy, un territorio virgen al que tratamos como una fuente inagotable para la explotación de materias primas y ofertas ambientales, términos eco-ambientales que disfrazan la depredación de la América por descubrir.  La oferta hotelera en las reservas ambientales, naturales, étnicas, culturales, es otra forma de violencia dulce que enmascara formas diversas del despojo.

Hoy, el viaje  está ineludiblemente atado a nuestra conciencia de un territorio global, en el que podemos desplazarnos con libertad, reconciliar nuestro anhelo por lo familiar conocido y lo extraordinario por conocer. El hotel, hogar lejos del hogar, juega un papel fundamental en la compra y venta de servicios ligada a esta visión globalizada de lo económico, lo social, lo urbano. El hotel contemporáneo se encuentra cargado de valores complementarios que buscan  ofertas específicas que generen competitividad: lo comercial, la salud, lo ecológico, lo cultural, etc.

Valorar las particularidades de la geografía americana o aquellos acentos locales ligados a nuestra cultura, a una historia de varios milenios, es un camino con el que la arquitectura latinoamericana deja su sello en un tipo edilicio en el que priman valores globales asociados a las grandes cadenas hoteleras, una ruta en la que anhelamos la sustentabilidad del desarrollo para un sector económico que representa, simultáneamente, un peligro para nuestras reservas medioambientales.

En los edificios que presentamos, la visión de la construcción pensada para el viaje, para el cambio de atmósferas, para un ritmo de vida distinto al cotidiano, está puesta en contraste con el hotel para empresarios y ejecutivos jóvenes.  De las concurridas zonas comerciales en ciudades como Bogotá o México, a las casi inhabitadas planicies patagónicas, concurren en esta muestra ideas tan diversas como la adaptación de estructuras pre-existentes o el contemporáneo diseño de edificios icónicos cuyas formas buscan generar la  plusvalía asociada a la arquitectura global.  El hotel en Latinoamérica es, por lo tanto, un tema tan variado y rico en formas o aproximaciones a lo edilicio como biodiversa y extraordinaria es la geografía de un continente, el tesoro que legaremos a generaciones por venir.

En esta corta perspectiva, sin embargo, es evidente también el progresivo detrimento que significa para la riqueza medio ambiental del continente la apertura a los vandalismos propios del turismo ecológico. Frente a la evidente exuberancia del paisaje latinoamericano, el ecoturismo extiende  los tentáculos de la producción industrial hasta los parajes más recónditos y virginales de una América aún por descubrir.  Aún los leves bloques eco ambientales que se posan sobre las pampas desérticas o las densas selvas tropicales son un impacto devastador que pone en peligro este frágil equilibrio preservado en el tiempo únicamente por la ausencia de la obra humana. El eco ambiente genera menos polución, pero la genera.  Aunque ambientalmente enfocados, las bellas imágenes de muchos de los hoteles que presentamos ponen en peligro ese telón de fondo que garantiza su misma existencia. De la mano del ecoturismo estamos replicando un actuar que nos ha dejado en la peor crisis ambiental de la historia, lo ideal sería, ante lo natural, la no intervención, el respeto, retirarnos como sociedad de cuanto queda impoluto en nuestro paisaje. Lo que hacemos es lo contrario, es la esfera de la contaminación de cuanto queda por preservar. El eco turismo es la lanza arrojada de la ciudad hacia la naturaleza, de lo contaminado a lo protegido, de la realidad a la ensoñación del paisaje. 

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# Título del artículo
1 Hotel Delirio
2 Hotel BH93
3 Hotel Tierra Acatama
4 LA CARRERA SÉPTIMA, Peatonalización o barbarie.
5 LA GLOBALIZACIÓN O EL PATRIMONIO

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