Siguenos en:

Indice Temático

Todos artículos de REVISTA ESCALA ordenados por Temas
  • Vivienda Económica
  • Arquitectura Hospitalaria
  • Centros Culturales
  • Terminales de Transporte
  • Centros Vacacionales
  • Restauración
  • Hoteles
  • Edificios de Oficinas
  • Edificios Gubernamentales
  • Edificios Corporativos
  • Vivienda Unifamiliar
  • Vivienda Bifamiliar
  • Vivienda Multifamiliar
  • Agrupaciones Unifamiliares
  • Ciudades dentro de la Ciudad
  • Ciudades Satélite
  • Tecnología y medio ambiete
  • Espacio Público
  • Equipamento Urbano
  • El Verde
  • Arquitectura Industrial
  • Educación
  • Viviendas de Alta Densidad
  • Concursos
  • Notas
  • Noticias
  • Eventos
  • Libros
  • Historico_convive
  • Celebración Memoria y Culto
  • Escala 221

    221 La vivienda es la unidad fundamental a partir de la cual se construye la ciudad. Históricamente los desarrollos residenciales determinan la morfología de las ciudades; mientras se construyen y consolidan áreas residenciales se teje la red urbana de equipamientos e infraestructuras de comercio, servicios y educación que acompañan la vida diaria de los ciudadanos.

    Agrupar la vivienda ha sido un tema recurrente, respuesta inicial de la arquitectura ante la escala funcional y de significado de la vida en comunidad. Como un reflejo de las opciones de vida de sus habitantes, la ciudad toma forma en sus agrupaciones que, dependiendo de su escala y de las ideologías que su arquitectura y urbanismo materializan, pueden conectar, articular o reforzar el tejido urbano pero, paradójicamente, también pueden romper, fragmentar y disgregar la ciudad.

    En este sentido, podemos distinguir dinámicas urbanas que se basan en la agrupación como forma de entender que la concentración de la vivienda demanda al arquitecto valorar nociones que giran en torno al tejido de comunidad, espacio, cultura y sociedad, de otros procesos en los que la vivienda unifamiliar se concentra en conjuntos que tan sólo tienen en común consideraciones prediales, de uniformidad formal o constructiva, servicios y oportunidades de carácter administrativo para quienes pueden acceder a ellos, pero que no tienen relación alguna con su contexto, con la ciudad. Estos últimos favorecen las diferencias económicas, de oportunidades y de acceso a servicios, fomentando la aparición y conformación de guetos que fracturan la estructura socio espacial de la ciudad.

    La producción en serie de conjuntos cerrados, presionada por intereses inmobiliarios, refleja un modelo de desarrollo urbano que ha permitido la generación de espacios segregados de las tramas urbanas, diseminando aún más la forma extendida de las urbes de nuestro continente. Esta tipología se ha propagado por el territorio convirtiendo la ciudad en un cúmulo de islas que hoy nos resultan hostiles. Es sin duda el territorio del conflicto social.

    Sin embargo, la crisis de sustentabilidad en la que se haya enmarcado el quehacer urbano de nuestro siglo demanda respuestas diferentes de quienes planifican la ciudad. Dadas las marcadas diferencias sociales, espaciales, culturales y de ingresos entre los habitantes de la metrópoli de este inicio de siglo, el urbanismo contemporáneo ha encontrado en el espacio público y los equipamientos una forma de fomentar la transformación urbana, abonando a la deuda que nuestra ciudad guarda con los más pobres. Podemos señalar la abundante producción en ese sentido como muestra del interés por la protección de grupos vulnerables y la búsqueda de una cohesión social que permita, como estrategia, garantizar una vida segura con niveles de bienestar adecuados para todos los ciudadanos, generando arquitectura y urbanismo de mediación entre los intereses comunes y los privados.

    Los proyectos que presentamos, lejos de tener una línea formal vinculante, se caracterizan por su escala, agrupaciones de baja densidad donde el ejercicio del diseño explora las relaciones entre la vida en sociedad y la vida familiar, ya sea por la atención al carácter grupal de la vida vecinal o por ignorarla decididamente. En medio de un paisaje residencial que va de la diseminación de casas suburbanas, exentas, a la densificación extrema producto de la especulación inmobiliaria, podemos ejemplificar con estas agrupaciones escenarios en los que entran en juego la tensión entre lo privado y lo social, entre el sentido de pertenencia a una comunidad y la necesidad de un espacio para el desarrollo de inquietudes individuales.

    Entre la casa unifamiliar y aquellos inmensos conjuntos que se presentan como una ciudad dentro de la ciudad, creemos en la formulación de proyectos que evidencien el ideal de generar una vida en comunidad, más cercana, pero sin perder la idea de salvaguarda a la privacidad como expresión de dicha individualidad. Sin embargo, en una marcada polaridad con esta perspectiva, nuestras ciudades se construyen cada vez más a partir de conjuntos que se presentan como núcleos dispersos e independientes, propuestas arquitectónicas de baja densidad que continúan con el desarrollo horizontal de nuestras urbes, un perfil de planicie que extiende aceleradamente la periferia urbana sobre el territorio.

    Si bien los conjuntos de viviendas en alta densidad podrían convertirse en una estrategia de cambio para la escala general de la ciudad y sus dinámicas medioambientales, de momento el modelo predominante es el de los conjuntos residenciales a las afueras de la ciudad, desarrollos que ignoran el costo que supone dotar de servicios e infraestructuras terrenos en los bordes externos de nuestras superpobladas urbes, que omiten mencionar su alto impacto sobre el frágil ecosistema que aún logra sobrevivir a nuestras ciudades. Conjuntos donde cada casa cuenta con amplias zonas verdes privadas pero apenas si promueve el sentido de sociedad, casas pareadas - es imposible hablar de criterios de agrupación - con áreas comunales subutilizadas o inexistentes. Mientras las tierras aptas para desarrollos agrícolas o ambientales desaparecen, se urbanizan, el ideal del suburbio tipo americano cobra más fuerza en el imaginario colectivo como prototipo de calidad de vida e imagen de prosperidad.

    En este panorama es innegable la responsabilidad de arquitectos y urbanistas como promotores de la urbe contemporánea, a la vez que es evidente la falta de control y reglamentaciones adecuadas por parte de las instituciones del Estado. Si bien sería francamente absurdo pedir que la solución a todos los problemas de la ecología urbana provenga de la arquitectura, es obvio que en este apartado oferta y demanda inmobiliaria fraguan el futuro de nuestro desarrollo.

    Con la desconfianza y el temor como la característica principal de las relaciones ciudadanas, las agrupaciones de vivienda deberían ser ejercicios con un fuerte compromiso por lograr lo social, ese tejido fundamental para la ciudad, donde el diálogo entre los habitantes vuelva a tener importancia, donde el diseño facilite esa relación potencial de manera natural, no obligada.

    Estos conjuntos residenciales, cada uno a su manera, nos presentan ejercicios formales y obras de gran interés visual, desarrollados a partir de conceptos que van desde la comunión íntima-familiar, pasando por las relaciones artista-comunidad en ateliers contemporáneos, hasta las piezas individuales que comparten un lote pero que encuentran en el paisaje lejano su razón de ser. Obras arquitectónicas que proponen modos de habitar tan diferentes como válidos. Radicales en su concepción de vecindario - bien sea que se integren o se cierren a su entorno - plantean soluciones para que sus habitantes se acerquen a esa ciudad en la que habitan, trabajan, circulan, se recrean, pero en particular, sueñan.

    Redacción Escala.

  • CONVIVE
  • Flashback
  • Escala 229
  • Escala 224

    Caratula_224_tiro Con la intensificación de la vida nerviosa en la ciudad moderna y el  progresivo aumento de la velocidad de los recorridos, asociada al desarrollo de los medios de transporte, la inclusión del ocio y el viaje como formas de comportamiento privilegiadas en la vida social generó transformaciones tipológicas en la arquitectura y el paisaje urbano.  Podemos afirmar que la tradicional división entre lo urbano y lo rural, se definiría -con una visión cargada de romanticismo- en la dicotomía entre la tediosa vida burguesa del trabajo y la experiencia de la naturaleza como la verdadera libertad del hombre.

    En vista de la contracción vivencial del espacio, el hombre moderno se aventuró a salir de su lugar familiar para explorar nuevas geografías, nuevas culturas, nuevas ciudades, nuevas arquitecturas. Ya en el siglo XIX, en un continente embarcado en la creación de un ambiente panamericano, la renacentista costumbre del viaje, del viajero ilustrado, configuró nuestra percepción de la moderna relación entre lo local y lo global.

    En este sentido, el territorio americano es ante todo una extensión virgen que se abre ante nuestros ojos con tal exuberancia que la dimensión abierta por las palabras Nuevo Continente adquiere un significado renovado; frente a una Europa concebida como territorio urbano, América ha sido sentida como una tabla rasa, en la que todo está por hacer, por explorar. Bien recordaba Borges que las fantasiosas historias de terrores americanos, narradas por los colonizadores, parten de la raíz que el sustantivo monstruo comparte con el verbo mostrar; que las maravillas contempladas en las especies de flora y fauna -hoy racionalizadas en los índices de biodiversidad- asustaban y asombraban a un continente europeo que consideraba su decadencia política, económica, social, cultural y ambiental, como un síntoma del fin de los tiempos. América es, en esta visión, la posibilidad de refundar el tiempo.

    Este poético encubrimiento de la violencia implícita en los procesos de colonia a los que nos hemos visto sometidos, fuera en el siglo XV, el XIX, o el XX, repercute aún en el disímil trato que nuestras naciones tienen frente a los habitantes primigenios del territorio ocupado. En la relación que éstos guardan con la naturaleza, mediada por creencias y religión, podemos encontrar la pista del por qué nuestro continente es, aún hoy, un territorio virgen al que tratamos como una fuente inagotable para la explotación de materias primas y ofertas ambientales, términos eco-ambientales que disfrazan la depredación de la América por descubrir.  La oferta hotelera en las reservas ambientales, naturales, étnicas, culturales, es otra forma de violencia dulce que enmascara formas diversas del despojo.

    Hoy, el viaje  está ineludiblemente atado a nuestra conciencia de un territorio global, en el que podemos desplazarnos con libertad, reconciliar nuestro anhelo por lo familiar conocido y lo extraordinario por conocer. El hotel, hogar lejos del hogar, juega un papel fundamental en la compra y venta de servicios ligada a esta visión globalizada de lo económico, lo social, lo urbano. El hotel contemporáneo se encuentra cargado de valores complementarios que buscan  ofertas específicas que generen competitividad: lo comercial, la salud, lo ecológico, lo cultural, etc.

    Valorar las particularidades de la geografía americana o aquellos acentos locales ligados a nuestra cultura, a una historia de varios milenios, es un camino con el que la arquitectura latinoamericana deja su sello en un tipo edilicio en el que priman valores globales asociados a las grandes cadenas hoteleras, una ruta en la que anhelamos la sustentabilidad del desarrollo para un sector económico que representa, simultáneamente, un peligro para nuestras reservas medioambientales.

    En los edificios que presentamos, la visión de la construcción pensada para el viaje, para el cambio de atmósferas, para un ritmo de vida distinto al cotidiano, está puesta en contraste con el hotel para empresarios y ejecutivos jóvenes.  De las concurridas zonas comerciales en ciudades como Bogotá o México, a las casi inhabitadas planicies patagónicas, concurren en esta muestra ideas tan diversas como la adaptación de estructuras pre-existentes o el contemporáneo diseño de edificios icónicos cuyas formas buscan generar la  plusvalía asociada a la arquitectura global.  El hotel en Latinoamérica es, por lo tanto, un tema tan variado y rico en formas o aproximaciones a lo edilicio como biodiversa y extraordinaria es la geografía de un continente, el tesoro que legaremos a generaciones por venir.

    En esta corta perspectiva, sin embargo, es evidente también el progresivo detrimento que significa para la riqueza medio ambiental del continente la apertura a los vandalismos propios del turismo ecológico. Frente a la evidente exuberancia del paisaje latinoamericano, el ecoturismo extiende  los tentáculos de la producción industrial hasta los parajes más recónditos y virginales de una América aún por descubrir.  Aún los leves bloques eco ambientales que se posan sobre las pampas desérticas o las densas selvas tropicales son un impacto devastador que pone en peligro este frágil equilibrio preservado en el tiempo únicamente por la ausencia de la obra humana. El eco ambiente genera menos polución, pero la genera.  Aunque ambientalmente enfocados, las bellas imágenes de muchos de los hoteles que presentamos ponen en peligro ese telón de fondo que garantiza su misma existencia. De la mano del ecoturismo estamos replicando un actuar que nos ha dejado en la peor crisis ambiental de la historia, lo ideal sería, ante lo natural, la no intervención, el respeto, retirarnos como sociedad de cuanto queda impoluto en nuestro paisaje. Lo que hacemos es lo contrario, es la esfera de la contaminación de cuanto queda por preservar. El eco turismo es la lanza arrojada de la ciudad hacia la naturaleza, de lo contaminado a lo protegido, de la realidad a la ensoñación del paisaje. 

  • Escala 222

    caratula ´Lo pequeño es hermoso´ E. F. Schumacher

    La relación entre el hombre y la arquitectura dista mucho de aquella entre usuario y objeto. Si bien la arquitectura se ha entendido tradicionalmente como contenedora de objetos y acciones humanas, raramente es vista en sí misma como una cosa más, pues la vivencia espacial forma parte inseparable de nuestro ser, nos ayuda a construir nuestra imagen del mundo y, como principal mediadora en la relación hombre naturaleza, nos es de tal manera específica, que muchas veces la entendemos como aquello que nos separa de cuanto nos rodea.

    Los proyectos que presentamos en esta edición tienen en común una forma de mirar la práctica de la arquitectura como una actividad mental, más que como un simple oficio. Al prescindir de relaciones de carácter urbano, los objetos que conforman este número despliegan la naturaleza específica de la arquitectura y los procesos de configuración de sus formas, desde la manipulación espacial hasta los más concretos énfasis en los sistemas constructivos.

    Mal haríamos en llamar a esta una arquitectura del lugar, es, de una manera simple, una arquitectura atenta a las condiciones específicas, geográficas y climáticas, que se presentan a sus diseñadores. Un buen número de ellas se implanta en condiciones no urbanas, vuelven sobre la antigua discusión del humanismo, entre naturaleza o arquitectura, un diálogo que para el mundo moderno marcó la producción de obras con gran impacto visual, escultóricas, abstractas, que fueran blancos de la crítica de una generación que sentía la distancia que nuestro continente guarda con lo europeo, que buscó enfatizar los historicismos y tipologías tradicionales, regionales, como una forma de proteger la cultura local en todos sus ámbitos.

    Sin embargo, atrás quedan las densidades conceptuales que marcaron las décadas finales del siglo XX, estas formas con uso exploran los límites del objeto arquitectónico acercándolo a la escultura abstracta, hacen evidente que la tabula rasa de la modernidad no se dirigió a la historia sino a la cultura regional, un primer intento de globalizar una noción de futuro característico del pensamiento humanista de nuestros ancestros modernos. Son muestras de una modernidad habitada, transformada, que se ha vuelto específica del pensamiento culto que caracteriza al quehacer arquitectónico.

    En los ejercicios de diseño que presentamos, los arquitectos invitados prescinden de lo superfluo para centrarse en la materia densa de la que está hecha la arquitectura, nos encontramos en el campo de la experimentación con modelos, en ejercicios de diseño puro, en los que la arquitectura contemporánea pone en la mesa su vocación plástica, tácita, dejando a un lado viejas y anquilosadas polémicas en torno al carácter del lenguaje de nuestra arquitectura para centrarse en el valor icónico del volumen. Es sin duda una dinámica que participa de la globalización de la práctica profesional, sobre la que tendencias e influencias internacionales median la producción de la forma local.

    Como campo de ensayo, esta escala mínima nos pone en presente su alta intencionalidad, desde la especificidad del oficio estos manifiestos de arquitectura expresan la posición de jóvenes prácticas frente a la crisis económica: sobrevivir a un sistema de hiperconsumismo de la imagen para seguir una utopía, la que señala el deseo, la que centra sus esfuerzos en salvar a un planeta sometido al despilfarro. Si bien este formato guarda cierta relación con las carencias económicas que limitaron el crecimiento latinoamericano durante el siglo XX, muestra igualmente que lo pequeño puede tener un alto impacto si lo material no limita el amplio espectro de nuestros sueños, la intensidad de estas obras, que median entre lo anhelado y lo posible, demuestran la calidad de lo producido desde nuestro continente, arquitecturas mínimas de alto contenido que ponen en evidencia que nuestro oficio está, antes que en un esfuerzo estético por el logro de la abstracción, en una disciplina del pensamiento.

    En este sentido, la escala no parece ser el asunto, seguramente la obra de este formato, antecede las producciones de mayor tamaño; es una cuestión de método, que expresa la relación entre arquitecto y sociedad, entre hombre y naturaleza, desde la intimidad que caracteriza el quehacer de un oficio llamado a transformarse para sobrevivir a las metas de una sociedad moderna que hoy sabemos inalcanzables.

    Redacción Escala.

  • Escala 223

    Caratula_223 Hablar de la universidad latinoamericana es hablar de lo que nos une con el resto del mundo y de la posición que ocupan nuestras economías en un mercado global para el que tan sólo hemos sido, hasta tiempos recientes, una mano de obra barata y poco calificada.

    Con el establecimiento de una economía globalizada, los escenarios universitarios latinoamericanos han dejado de ser claustros aislados del mundo, están en buena medida obligados a competir a nivel internacional, ya sea en escalas de producción de conocimiento, información, o en rankings que valoran sus plantas físicas, sus niveles de publicación, el prestigio de los centros de investigación que albergan o el tipo de conocimiento que generan. Al pensar en las relaciones que las sociedades contemporáneas establecen entre ellas, la tensión entre lo regional y lo universal  pasa por pensar lo que enseñan las universidades y cómo se encuentra calificado dicho conocimiento.

    En consonancia con esta transformación de las economías, la vida del universitario contemporáneo es distinta. Si en nuestro número 185 reseñábamos el bajo impacto que hasta ese momento tuvo el ingreso de las tecnologías de información  al edificio universitario, hoy podemos afirmar que los modos de presencialidad del sistema de créditos y el currículo tradicional están rezagados frente al enorme impacto de  las aulas virtuales, las plataformas educativas y el desprestigio que tienen las actividades presenciales para generaciones enteras que se han formado en la dependencia a las tecnologías de comunicación a distancia.

    En este escenario, la universidad enfrenta el reto de actualización de su planta físicas, ya no para transformar su campus con los ductos y tuberías que alberguen los cableados necesarios para las nuevas tecnologías, en este momento de crisis se ven llamadas a invertir en aspectos fundamentales de su relación con la sociedad.  Si la presencia de la Universidad –bien sea como campus o como ciudad universitaria propiamente dicha– ha desempeñado un papel fundamental en la transformación de la ciudad, ahora es la dinámica urbana la que invierte los roles y toma el control de la planeación y proyección de conjuntos universitarios.

    En el balance de  inversión para la transformación de su planta física se ha de tener en cuenta, también, que muchas universidades se encuentran íntimamente ligadas a zonas patrimoniales o puntos en los que las dinámicas de crecimiento urbano presionan las transformaciones de usos y el aprovechamiento de las infraestructuras a las cuales se encuentran conectadas.  Es el turno para la creación de escenarios diversos a los explícitamente académicos, con lo cual la universidad busca ser atractiva a sus usuarios con una oferta variada de servicios, ya sean deportivos, bibliográficos, investigativos, de ocio, etc. Los grandes campus que sacaron la universidad de la ciudad representaron laboratorios del urbanismo posible, las intervenciones que mostramos en este número, el urbanismo necesario, el del equipamiento, el de la revitalización, el de la sustentabilidad.

    Los ambientes de aprendizaje incluidos en este número, se mueven entre la renovación de claustros en entornos patrimoniales y el diseño de campus en la ciudad, Sin embargo, todos tienen en común la apuesta por generar un impacto en la vida de quienes participan en los procesos de formación universitaria, por crear un real bienestar universitario, ambientes sanos, salubres, asoleados, en los cuales no sólo es posible aprender a aprender, es la prospección de una nueva universidad que busca generar relaciones efectivas (y afectivas) que le permitan una transformación real de las sociedades y sus ciudades.

    Once años han pasado desde el momento en que afirmamos que las circunstancias económicas e ideológicas de nuestros países no permitirían una transformación real del espacio arquitectónico tradicional en la universidad contemporánea (Escala 185). Hoy, con este número, señalamos que la transformación de dicho espacio es un tema fundamental para lograr niveles de competitividad para el conocimiento que se genera en Latinoamérica. Estos proyectos, en su apuesta por lograr espacios que alberguen las relaciones sociales entre quienes construyen dicho conocimiento, significan un primer paso en el logro de esta meta, un objetivo en el que se juega un tema importante en cuanto a educación se trata, el de la construcción colectiva, social, de nuestra  realidad. Si bien los espacios universitarios han sido espacios de ejercicio del poder, encontramos una nueva opción de diálogo en estas propuestas, es la oportunidad de abrir el claustro a la ciudad, de pasar de la investigación a la práctica, de pensar en cómo construiremos los sueños que se gestan en nuestros ambientes universitarios.

     

    Redacción Escala.

  • Escala 225
  • Escala 226
  • Escala 227
  • Escala 228
  • Escala 230
  • Escala 231
  • Escala 232
  • Escala 233

    escala-233-caratula-baja

     

     

     

    La intención original de este número de ESCALA fue la de cerrar un ciclo abierto con el número 223, centrado en edificaciones para universidades, y continuado con el número 230 que se ocupó del Hábitat Escolar. Este, por tanto, se dedicaría a los espacios educativos para la primera infancia.

    Adicionalmente, y retomando el trabajo de la edición 214-“Propuesta. Espacio para los niños”, quisimos revisar proyectos urbanos y de arquitectura dedicados a la primera infancia. Resultó difícil encontrar edificaciones, diferentes a jardines infantiles o preescolares, en el que los niños hicieran parte de la reflexión central o de las ideas con las que cuales fueron concebidos. Incluso fue difícil encontrar espacios de recreación para niños.

    Afortunadamente encontramos muy buen material escrito con reflexiones diversas sobre el espacio habitable, la conservación y transmisión de técnicas, las iniciativas de trabajo de sensibilización de los menores con la ciudad y el espacio habitable, del cual obtuvimos una excelente selección que conforma buena parte de esta edición.

    Este proceso de búsqueda y selección puso de nuevo sobre nuestra mesa las inquietudes hace unos años sobre la manera en que hacemos ciudad y concebimos los espacios habitables que incluyen a los niños: ¿Qué aporte real tiene la arquitectura actual a la construcción del espacio habitable para vivir la infancia? ¿Cómo contribuye la arquitectura actual a la construcción de un hábitat en el mundo, de un ser en el mundo, como diría Heidegger? ¿Cómo es que, desde la arquitectura y el urbanismo, construimos un mejor mundo?

    Políticas educativas nacionales y locales centran sus esfuerzos en la primera infancia, entendiendo la importancia de mejorar la educación y atención a los más pequeños como base de su educación formal y su formación como ciudadanos; y, esencial para nosotros, entendiendo que la arquitectura es parte imprescindible de los procesos pedagógicos.

    Esas ideas se hacen evidentes en los proyectos de centros educativos para primera infancia adelantados por el programa de Cero a Siembre del Gobierno Nacional y el Programa Buen Comienzo en Medellín, cuyos proyectos se basan en dar respuestas a las particularidades regionales y su entorno geográfico y cultural. Adicionalmente se discute y plantea la necesidad de apostar por espacios educativos flexibles, cambiantes, integradores, que ayudan a fortalecer competencias sociales a partir del trabajo colectivo y participativo.

    Es de esperarse que, hablando de arquitectura para niños, haya propuestas para jardines infantiles y preescolares. Pero nos queda pendiente el mismo esfuerzo en otro tipo de edificaciones y en la escala urbana. La vivienda no contempla la existencia de los niños, ni en las posibilidades y necesidades de estos en los espacios de la unidad de vivienda, ni en los espacios colectivos, apenas dotados con unos grotescas juegos estandarizados; menos aún se piensa en las relaciones urbanas. No conseguimos espacios culturales, de salud, ni siquiera de recreación que exploren de manera específica las posibilidades espaciales, materiales, funcionales que atiendan, incluyan o se relacionen con los menores.

    El reto debe estar en apartarse del proyecto arquitectónico prejuicioso y estandarizado, para acercarse a la escala de los niños, sus procesos de crecimiento en los espacios públicos, en las viviendas y en los espacios colectivos y públicos a los que tiene acceso. Responder adecuadamente a los modos de habitar de los niños y sus requerimientos y necesidades espaciales, incluyendo accesibilidad y seguridad.

    El crecimiento acelerado de las ciudades, la violencia, la percepción de inseguridad y la cultura del miedo, el malentendido funcionalismo y la economía de consumo nos han alejado de espacio urbano y del disfrute colectivo del entorno construido. Mirando a los procesos políticos económicos y sociales de la región, y en particular los colombianos, es fundamental plantearse cómo los espacios urbanos, colectivos y privados aportan a la construcción de colectividad, respeto por el otro, inclusión, tolerancia, ciudadanía de cara al post conflicto del proceso de paz. ¿Cómo recuperar la vocación de la ciudad con lugares de encuentro que no resulte ajena a las nuevas generaciones? Con ellas tenemos la opción de plantearnos nuevos entornos de mayor participación, apropiación y democracia. La arquitectura tiene un enorme poder pedagógico en la trasformación social y reidentificación con el territorio, la ciudad y los espacios habitables colectivos y privados.

    CONTENIDO

    OPNINIÓN / 1

    ACTUALIDAD / 2 

    Charles Correa, 1930-2015 / convivE X en Bogotá / Museo Nacional de la Memoria

    DIÁLOGOS / 10

    Atención a la primera infancia

    ARTÍCULO TEMÁTICO / 18

    Los pájaros azules / 18
    Llaxta Wawa, Perú / 24
    Saberes que se sostienen en el tiempo / 30
    Ambientes de aprendizaje para el sigo XXI / 34
    El espacio habitado desde la singularidad / 42

    PROYECTOS / 50

    La Leroteca / Cajicá, Cundinamarca / Colombia / 50
    Jardín Municipal Barranquitas Sur / Ciudad de Santa Fe / Argentina / 54
    Cecudi Nicoya / Nicoya, Guanacaste / Costa rica / 60
    Arquitectura pública para la primera infancia / Medellín / Colombia / 66
    Centros de Desarrollo Integral / Colombia / 76
    Parque Bicentenario de la Infancia / Santiago / Chile / 90

    EN DETALLE / 96

    Jardín Social Timayui / Santa Marta / Colombia / 96

    MUNDO / 102

    Orfelinato Falatow Jigiyaso / Dialakoroba / Mali / 102

    EN PROCESO / 110

    Adamo Faiden

    LECTURAS / 118

    Armonización o tensión entre POTs y PEMPs / 118

    ACADEMIA / 122

    Ciudadela Educativa Siloé / 122

    CONCURSOS / 128

    Auditorio y Cafetería IED Pompilio Martínez / 128

    RESEÑAS / 132

    La casa sobre el Arroyo / ¿Por qué densidad? / Le Corbusier

    PARA TERMINAR / 133

Copyright © 2011. REVISTA ESCALA. Todos los derechos reservados.Arriba